En reconstrucción, Covintec supera todas las pruebas

Al día siguiente del terremoto, Alberto Sfeir estaba en terreno ayudando a los habitantes de Villa Prat que fuertemente perjudicados vieron cómo sus casas de adobe quedaron reducidas a escombros: fuimos a ver qué había pasado allá, sacamos más de 1500 fotos, ayudamos a la gente, partimos con la cercanía de lo que era Villa Prat. Cuando mi hermano dijo que aportaba con el plano regulador, nosotros dijimos que crearíamos una casa en la que reutilicen lo destruido; fue la primera casa que proyectamos”, cuenta Alberto.
 

villa prat, covintec

Su hermano, Miguel Sfeir, tiene un aras donde la gran mayoría de sus trabajadores son oriundos de Villa Prat. De ahí su preocupación y cariño por el pueblo que urgía un nuevo plan regulador para comenzar con la reconstrucción. Tres arquitectos norteamericanos llegaron para instalarse e iniciar los planos que fueron recibidos por las autoridades regionales y ministeriales con aplausos.
 
Al alero de ese plano, Alberto Sfeir, de la empresa constructora Sacaf, inició los proyectos de casas que debían mantener el estilo colonial, propio del entorno. Pa eso presentó tres tipos de vivienda pero sólo el último fue autorizado por el Minvu: “la primera era de autoconstrucción, hecho en terreno, con malla acma y adobe, pero no autorizaron los adobes y las tejas. Habían materiales nobles que fácilmente podían ser integrados en una nueva casa, tejas, adobes, pilares, maderas de todo tipo, ventanas, puertas, artefactos, etc. De ahí que la autoconstrucción era una buena opción, pero no del gusto de la autoridad. La segunda casa desarrollada era de albañilería reforzada, bastante clásica, pero no cumplía con los requerimientos de aislación térmica. Invertimos muchas horas de trabajo con arquitectos, ingenieros y finalmente, decidimos presentar al Minvu el tercer proyecto, en base a paneles Covintec, y  se aprobó”, cuenta el constructor.
 
villa prat, construccion en covintecAlberto Sfeir conocía muy bien Covintec, sin embargo nunca antes había construido con él. Siempre le llamó la atención lo liviano del material y lo fácil que era construir con él; y luego de utilizarlo, comprobó que era un excelente muro que cumplía con todos los requerimientos de aislación térmica y acústica. Señala, además, que el armado les gustó mucho, tanto que ya implementaron un sistema que les facilita el ensamblaje: “nos asociamos  con un taller grande de un colega arquitecto y también constructor. Los  muros se arman completos en ese taller y se transportan al lugar del montaje y en uno a dos días tenemos la casa parada. Eso me gusto mucho. Ahora tenemos pensado en agilizar la parte estuco, de mecanizarla, y así la casa cumpliría con nuestras expectativas en un 100%”.  
 
El proyecto total contempla varias etapas y cerca de 100 casas. Actualmente se encuentran en la primera, con 36 viviendas de 50 metros cuadrados y 14 metros de corredor chileno, con pilares. Dos dormitorios, un baño y cocina completa con lavadero y living comedor. Las texturas de estucos exteriores similares a los adobes y el tejado rojo, garantizan el estilo colonial, junto a su típico corredor campesino, respetando el patrimonio local.
Son casas de muy rápida ejecución, característica que fascinó al constructor: “el hecho de que se paren los muros  de una casa en un día y medio para nosotros es economía, es desarrollo logístico, y es uso mínimo de personal. En este minuto estamos levantando las primeras casas de aprendizaje, pero las viviendas van a quedar con muros y techo, en menos de dos semanas”.